Comprendiendo el caso mas interesante
Comprendiendo
el caso más interesante
Trastornos
del comportamiento
Es frecuente que los niños de
entre dos y tres años de edad tengan problemas para
obedecer ante las reglas que los padres
imponen. Por una falta de maduración, pueden llegar a reaccionar agresivamente ya que no
comprenden que no siempre es posible que sus padres comprendan lo que quieren o accedan
a sus demandas. En la adolescencia, también se llega a cuestionar las normas y
pueden llegar a tener comportamientos rebeldes. Dichas actitudes se consideran
normales ya que corresponden a sus etapas del desarrollo, en donde están adquiriendo
autonomía e independencia y están conformando su identidad.
Los trastornos de conducta en
la infancia y adolescencia se caracterizan porque el paciente tiende, de forma
persistente, a romper reglas sociales importantes, pasa por encima de los
derechos de los demás y pueden llegar a cometer delitos. Los primeros rasgos que
aparecen en dichos trastornos es que los niños son crueles con los animales, toman las
cosas en vez de pedirlas, mienten constantemente, son problemáticos en la
escuela o rompen cosas de manera intencional. En los adolescentes llegan a
intimidar a otros, retan
la autoridad, provocan peleas y son agresivos (Alda, Arango, Castro y cols,
2009)
Tipos de trastornos del
comportamiento (Yaria, S/F):
Trastorno disocial:
Es un patrón de comportamiento
persistente y repetitivo en el que se violan los derechos básicos de los
demás, se violan las reglas sociales adecuadas a la edad del paciente.
Estos
comportamientos se dividen en cuatro subgrupos:
comportamiento agresivo que provoca daño físico
o amenaza con él a otras personas o animales, comportamiento no agresivo que
causa pérdidas o daños a la propiedad, fraudes o robos y violaciones graves de las
normas. Se indica que aparece en la adolescencia.
Trastorno negativista desafiante:
Es un patrón recurrente de
comportamiento desafiante, desobediente y hostil, dirigido a las figuras de
autoridad, que dura al menos 6
meses y en donde aparecen al menos 4 de los
siguientes comportamientos: rabietas, discusiones con
adultos, desafiar activamente o negarse a cumplir las demandas o normas
de los adultos, llevar a cabo deliberadamente actos que molestarán o irritarán a
otros, acusar a otros de sus propios errores, ser quisquilloso o sentirse
fácilmente molestado por otros, mostrarse iracundo y resentido o ser
rencoroso o vengativo.
Este trastorno puede aparecer desde la
infancia, en promedio a los 8 años de edad.
Una conducta desobediente puede ser “pasiva”,
en el sentido de que un niño podría
“no responder”, sino permanecer inactivo,
tranquilo y sumiso. Por otra parte, conductas desafiantes se caracterizan por verbalizaciones
negativas, hostilidad y resistencia física que ocurrirían al mismo tiempo que la
desobediencia (Caballo y Simón, 2002).
La psicóloga
Paloma López Hernández expuso :
En la
actualidad los problemas de conducta en la infancia y la adolescencia
constituyen uno de los motivos más frecuentes por los que los padres asisten a consulta.
Varios estudios concluyen que los principales problemas en la infancia y
adolescencia más prevalentes son los trastornos de conducta, seguidos de los
trastornos de ansiedad, trastornos por déficit de atención y trastornos de la
eliminación (Meléndez y Navarro, 2009; Valero y Ruiz, 2003).
Ahora bien, la
desobediencia y las conductas disruptivas no están clasificadas como trastornos
diagnósticos según este manual, pero son frecuentes en población infantil y por
lo tanto requieren de intervención (Gil-Iñiguez, 2014). Asimismo, la
prevalencia de los trastornos de conducta en niños de 5 a 10 años es de un 6,9%
(NICE, 2006). Las conductas disruptivas implican una limitación o alteración en
el desarrollo evolutivo del niño, dificultando su aprendizaje para el
desarrollo de relaciones sociales adaptativas, tanto con adultos como con sus
iguales. Asimismo, las conductas de tipo desobediente o de carácter negativista
son aquellas que se desarrollan a través de la negación o el desafío ante la
demanda de sus progenitores u otros adultos (profesores, abuelos, etc.) Para
Moreno (2006) las características evolutivas de los comportamientos disruptivos
o agresivos entre los 2 y los 6 años suelen incluir tanto rabietas, que van
reduciéndose hasta hacerse nulas después de los 4 años, como conductas
vengativas a raíz de situaciones de frustración que suelen aumentar a los 3
años de edad. No obstante, la forma que va adoptando la agresividad ha sido
contrastada en diversas ocasiones por la investigación, distinguiéndose entre
agresividad hostil, cuyo el fin es causar daño o lastimar a la víctima a nivel
físico, verbal, destruyendo sus bienes o no permitiendo disfrutar de ellos y la
agresividad instrumental, donde el objetivo es causar daño a otro como medio
para conseguir una meta. En niños pequeños se observa un predominio de
agresividad instrumental dirigida a arrebatar juguetes a otros, pero con el
paso de los años empieza a predominar la agresividad de tipo hostil,
manifestada a través de comportamientos disruptivos físicos y evolucionando con
un mayor predominio en agresiones de tipo verbal, como hacer burlas, insultar,
poner motes, hacer rabiar, etc. La frecuencia y persistencia de conductas
desadaptativas en la infancia y adolescencia favorece la aparición y el desarrollo
de psicopatología en edades posteriores (Trianes, 1996). Además, un
comportamiento agresivo persistente es un predictor claro de un posible
trastorno disocial en la adolescencia. Por lo tanto, es necesaria la
intervención temprana de manifestaciones disruptivas con el fin de prevenir
trastornos en la edad adulta. Cabe destacar, en relación a los factores de
riesgo, el ámbito familiar como factor clave para el inicio y mantenimiento de
problemas de conducta (Edwards, Ceilleachair, Bywater, Hughes y Hutchings,
2007; Reid, Patterson y Snyder, 2002).
La American
Academy of Child and Adolescent Psychiatry (AACAP, 2007) recomienda que las
intervenciones terapéuticas de los trastornos del comportamiento, para aumentar
su eficacia, deben ser multimodales y se han de diseñar en base a las
deficiencias del caso concreto. Con el fin de mejorar las relaciones
interpersonales es conveniente combinar la intervención individual y la grupal,
debiendo ser ambas prolongadas en el tiempo y con un seguimiento a largo plazo.
Además, dada la comorbilidad que presentan los trastornos del comportamiento,
es importante intervenir directamente sobre dichas alteraciones de forma
paralela. La aplicación de un tratamiento combinado (farmacoterapia y
psicoterapia) podría ser beneficiosa cuando las conductas agresivas son de
evidente peligro para el niño o para su entorno (Pine y Cohen, 1999).
Siguiendo los
criterios de la Task Force, los tratamientos empíricamente validados y que
pueden producir cambios significativos en la conducta serían los programas de
entrenamiento a padres y profesores, combinados con los basados en resolución
de problemas, autoinstrucciones y habilidades sociales. Los resultados de las
investigaciones llevadas a cabo para probar la eficacia de este tipo de programas
multicomponente han demostrado que su aplicación no es sólo viable, sino que
resulta muy beneficiosa de cara a la mejora del comportamiento de los alumnos y
del clima social, escolar y familiar (Serrano y Sánchez, 2002).
Un
caso de comportamiento disruptivo infantil: Tratamiento conductual en el ámbito
familiar
Descripción del caso
Identificación
del paciente:
Mario es un
niño de 9 años de edad. Tiene un hermano pequeño, con el que se lleva 13 meses.
El estatus socioeconómico y cultural de los padres es de nivel medio. Los
padres tienen en el momento de la intervención 35 años (madre) y 39 años
(padre). Asiste desde los tres años a un colegio concertado a las afueras de
Murcia.
Motivo de
consulta
La madre
comenta que el comportamiento de Mario tanto en el colegio como en casa no es
el adecuado. En el colegio Mario ha tenido un expediente académico brillante y
un comportamiento ejemplar, hasta este último año, donde se ha podido observar
un comportamiento negativo y desadaptativo unido a un bajo rendimiento escolar.
En casa las
discusiones son continuas: peleas con el hermano, desobedece todas las órdenes
y en alguna ocasión ha presentado comportamientos desafiantes y agresivos.
Historia del
problema
La madre
informa que desde hace un tiempo Mario muestra un comportamiento difícil y muy
diferente, tanto en el ámbito escolar como en el familiar. Desobedece de manera
reiterada todo lo que se le ordena, discute constantemente con ella y su
hermano, y siempre está a la defensiva. Comenta que desde pequeño ha sido un
“niño especial”, pero desde hace un tiempo “la cosa ha ido de mal en peor”. En
el colegio, todos los días, desde hace unos meses, la tutora de Mario se pone
en contacto con la madre para informarle de los comportamientos negativos que
ha tenido y de las quejas de otros profesores. Según refiere la madre, Mario es
un niño con un expediente académico brillante, pero las calificaciones del
último trimestre han descendido. La madre explica que en “asignaturas donde
obtenía sobresaliente, ahora simplemente las aprueba u obtiene notas medias”.
Los comportamientos agresivos en el ámbito escolar estaban compuestos por
diversas llamadas de atención en clase, molestar a los compañeros, peleas,
quitar el material escolar a sus compañeros, etc. En el momento que acuden a
consulta, la madre comenta que “hasta hace dos semanas ha estado castigado
todos los días, tanto en el colegio como en casa debido a su comportamiento”.
La profesora justifica su bajo rendimiento escolar a que “no está centrado” y a
que se niega a seguir sus indicaciones.
En el ámbito
familiar, las peleas son principalmente con el hermano menor. La madre explica
que cualquier motivo es excusa para iniciar una pelea, “sus juegos son
pelearse”. Reprocha cualquier comportamiento de su madre. El principal problema
es que no obedece cuando se le da una orden, por ejemplo “ayuda a poner la
mesa, tienes que ducharte, recoge tu cuarto, ponte hacer los deberes”. La madre
describe que el momento de hacer los deberes y el de ir a dormir son los peores
del día, ya que hasta que no se enfada y lo amenaza con castigos, Mario no
reacciona. En cuanto a la relación que tiene Mario con el padre, no es del todo
mala, teniendo en cuenta que entre semana no pasa tiempo con él debido a su
trabajo. Los fines de semana intentan pasar más tiempo juntos. En la actualidad
la única forma de controlar a Mario es a través de castigos de forma que
consigue, a corto plazo, controlar el comportamiento negativo de Mario, pero en
cuanto puede, vuelve a comportarse de manera disruptiva; “no sé cómo hacerlo”
comenta. La tutora, en cambio, suele dejarlo sin recreo pero esto tampoco tiene
un efecto a largo plazo. Según ella, Mario está “saciado de tanto castigo y ya
no tiene efecto sobre él”.
Evaluación
del caso
La evaluación
del caso tuvo una duración de 4 semanas. Se utilizaron varios instrumentos:
entrevista, registro de observación y autoinformes.
Entrevista a
la madre y al niño
Se aplicó el
Modelo de Entrevista General para niños, Forma para Padres del Centro de
Psicología Aplicada de la UMH. Ésta recaba información en primer lugar sobre
los datos personales del niño, fecha de nacimiento, teléfono de contacto, lugar
de nacimiento, lugar de residencia, colegio, etc. En segundo lugar, se centra
en el motivo de consulta, y por último la entrevista recoge información sobre
el área de salud, área familiar y social, área escolar y área de ocio e
intereses. De la entrevista se extrae la siguiente información. La madre de
Mario no tuvo problemas en el embarazo y parto, Mario no ha sufrido ningún tipo
de enfermedad en la infancia temprana, ni tampoco sufrió ningún accidente ni
intervención quirúrgica. Ha recibido ayuda psicológica por los problemas de
conducta que presentaba. Cuando tenía 3 años, el equipo de orientación del
colegio informó a los padres acerca de la posibilidad de que Mario tuviese un
síndrome de Asperger o un Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad,
aunque en ningún momento se le realizó una valoración y nunca se confirmó esta
impresión diagnóstica.
Mario es un
niño que no presenta problemas con la comida, realizando cinco comidas al día,
con una alimentación variada y de tipo mediterránea. Duerme un total de 8
horas, aunque la madre informa que en las últimas semanas, se despierta antes y
cansado. Una vez terminada la entrevista con la madre, y recogida toda aquella
información relevante, se procedió a realizar la entrevista con el niño. Ésta
se llevó a cabo a través de la Entrevista sobre la Historia Personal Clínica.
Dicha entrevista se inicia recogiendo información general y específica sobre el
motivo de consulta (10 ítems). Además se divide en un área familiar (9 ítems),
área personal sobre la salud física y emocional (22 ítems) y un área de
estudios (11 ítems). Cabe destacar que Mario es totalmente consciente de los
comportamientos negativos que tiene, comenta no poder evitar portarse mal, le
gustaría no hacerlo para que sus padres y su hermano estuvieran bien con él,
pero no sabe cómo. En el área de estudios, le encantan las matemáticas y el inglés,
y afirma que cuando molesta en clase es porque se aburre ya que termina los
ejercicios el primero. Comenta que suele estar muy cansado y que se despierta a
veces a media noche debido a tener pesadillas.
Entrevista
con la tutora
Se realizó una
entrevista telefónica con la tutora. Ésta confirma el cambio de comportamiento
de Mario en el último trimestre, unido a un descenso en el rendimiento escolar.
Comenta que “Mario es un niño muy inteligente”, cree que Mario puede ser un
niño con altas capacidades. El departamento de orientación del colegio está al
tanto del caso, pero no han podido proceder aún a evaluarlo.
Es un niño muy
competitivo y tiene baja tolerancia a la frustración. La tutora asegura que en
el aula tiene “explosiones de ira”. Informa que “a primera hora de la mañana
está bien y tranquilo y de repente empieza a molestar en clase, se levanta, no
obedece, quita el material de los compañeros, etc.” Tiene la impresión de que
no puede controlar ese comportamiento y todos los profesores tienen la misma
queja sobre él. Para finalizar, la tutora comenta que Mario asiste al mismo
colegio desde los 3 años y cree estar “encasillado”. Considera que “siempre han
creído que era un niño especial”. Ella no está de acuerdo con esto último, pero
sí cree que le puede afectar.
Autoinformes
Se tomó la
decisión de aplicar a Mario los siguientes autoinformes tras la información
recabada en la entrevista clínica. Ambos se administraron en la segunda sesión
de evaluación.
Autoinforme de
Sueño Infantil (Orgilés, Owens, Espada, Piqueras y Carballo, 2012). Evalúa los
hábitos y problemas relacionados con el sueño en niños de 8 a 12 años. Está
formado por 16 ítems y cuatro subescalas. Los ítems se puntúan del siguiente
modo: normalmente (2), algunas veces (1) y pocas veces (0). Los resultados
obtenidos por Mario no parecen ser relevantes ya que obtuvo una puntuación de
10 sobre 32.
Escala de
Ansiedad Infantil de Spence (Orgilés, Méndez, Spence, Huedo-Medina y Espada,
2011). Compuesta por 45 ítems y 6 subescalas (ansiedad por separación, fobia
social, trastorno obsesivo compulsivo, pánico/agorafobia, miedo al daño físico
y ansiedad generalizada). Se aplicó únicamente la subescala de ansiedad
generalizada. Mario obtuvo una puntuación de 12 sobre 18, lo que significa que
tiene un elevado nivel de ansiedad.
Registro de observación
Con ayuda de la
madre se registraron las conductas problema en el ámbito familiar. Se diseñó un
modelo de registro (Tabla 1) donde la madre recogería información sobre el día
y la hora en la que se producía la conducta problema, la situación (la conducta
problema), qué hace o dice la madre, la duración (en minutos) y la intensidad
(rango: 0-10, donde 0 es el mínimo y 10 el máximo). Se diseñó el mismo registro
de observación para que lo cumplimentasen en el ámbito escolar, pero no se pudo
llevar a cabo.
Tabla 1. Registro de observación en el ámbito familiar
|
Día y hora
|
Situación ¿Qué ocurre?
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¿Qué hago o digo?
(madre)
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¿Cuánto dura la conducta
problema? (minutos)
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Qué intensidad tiene?
(0-10)
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Análisis
topográfico
En relación a
los datos obtenidos mediante la evaluación, podemos concluir que Mario
presentaba conductas desobedientes y disruptivas en cuanto al cumplimiento de
normas en el ámbito familiar. Las conductas más problemáticas, es decir,
aquellas que tienen mayor frecuencia, intensidad y duración, se daban a la hora
de realizar las tareas escolares, comer, hacer la cama, ducharse e ir a dormir,
además de las peleas con el hermano. Las conductas desobedientes y las peleas
con el hermano menor se presentaban todos los días, una o dos veces. La
intensidad media era de ocho y la duración aproximada de entre 15 y 20 minutos.
Estos comportamientos disruptivos aumentaban los fines de semana.
Análisis
funcional
El estudio del
análisis funcional permitió identificar las variables antecedentes y
consecuentes que controlaban y mantenían las conductas problema. En la Figura 1
se presenta el diagrama analítico funcional del caso (FACCD) sobre los
problemas de Mario. Se ilustran varios problemas de comportamiento, su grado de
importancia, sus relaciones funcionales, el grado de modificabilidad de las
variables causales y su relación con los problemas (basado en Haynes, Mumma, y
Pinson, 2009; Haynes, Godoy y Gavino, 2011). Los estímulos antecedentes
inmediatos que provocaban las respuestas desadaptativas de Mario eran sobre
todo de tipo externo: principalmente la madre, y en menor frecuencia el padre y
el hermano. De igual modo, los comportamientos disruptivos de Mario en el
contexto escolar hacia sus compañeros se daban siempre en presencia de algún
profesor. En cuanto a los antecedentes históricos se puede indicar que desde
muy pequeño Mario fue mal diagnosticado de algún tipo de trastorno (Asperger,
Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, Trastorno Negativista
Desafiante) lo que preocupa mucho a los padres y, en consecuencia, durante años
visitan a varios especialistas. Por otra parte el padre está diagnosticado de
un trastorno de pánico sin agorafobia (en la actualidad sigue con el
tratamiento psicológico). Mario ha presenciado en ocasiones algunas crisis que
el padre padece.
Respecto a las
respuestas psicofisiológicas del niño, según indica la madre, se muestra
nervioso y excitado; con sudoración, aumento de la frecuencia cardiaca y
aumento de la frecuencia respiratoria. Cuando Mario se encuentra ante
situaciones en las que su madre le demanda el cumplimiento de sus obligaciones,
como realizar tareas escolares, comer, hacer la cama, ducharse e ir a dormir,
se desencadena en él una serie de respuestas motoras; gritos, iniciar rabietas,
conductas desafiantes y desobedientes.
En referencia al componente cognitivo,
Mario piensa que su madre le demanda demasiadas obligaciones, además reconoce
tener pensamientos negativos y recurrentes sobre su mal comportamiento.
Por lo
que respecta a los consecuentes, la ausencia de normas, límites y refuerzos
positivos ante conductas adaptativas, unido a la aplicación de castigos
desmesurados e inconsistentes, han dado origen a las conductas disruptivas de
Mario en el ámbito familiar. Dado que la madre suele acabar cediendo y
realizando ella las obligaciones que le encomienda a Mario, las conductas
disruptivas son reforzadas. Para que el niño obedeciera tenía que prometerle
algo a cambio. Cuando no obedecía la madre levantaba la voz y utilizaba en
ocasiones la amenaza, lo que producía en Mario un comportamiento desafiante y
de negación hacia la petición de su madre.
Figura 1. FACCD
sobre los problemas de Mario
En relación a
los datos obtenidos en la evaluación, se plantea como principal objetivo
terapéutico la disminución o eliminación de las conductas disruptivas del niño
en el ámbito familiar, a través del entrenamiento a padres en habilidades de
control del comportamiento mediante estrategias de modificación de conducta.
Las tres primeras sesiones fueron destinadas a la evaluación y el plan de
intervención se desarrolló en 3 fases, con un total de 11 sesiones distribuidas
una por semana con una duración de 60 minutos.
Fase de
Psicoeducación (3 sesiones)
La primera
sesión de esta fase fue destinada a la explicación del análisis funcional y a
concretar las primeras conductas a modificar en el ámbito familiar (obedecer a
la orden de hacer las tareas escolares, obedecer a la orden de ir a dormir,
hablar sin gritar y ayudar a poner y quitar la mesa), seguidamente se
estableció un horario de actividades para casa.
En la segunda y
tercera sesión se marcó como objetivo proporcionar información a los padres
sobre el origen, desarrollo y mantenimiento de las conductas desobedientes en
la infancia, fundamentado en la Teoría de la Coerción de Patterson (1982).
Además, se les informo sobre los principios del aprendizaje social, y la
importancia de éste sobre la adquisición de conductas adaptativas.
Para tener
constancia sobre la evolución de las conductas disruptivas del niño en el
hogar, se estableció como tarea para casa el registro diario de la frecuencia,
duración e intensidad de las conductas específicas anteriormente descritas.
Fase de
entrenamiento a padres (6 sesiones)
En esta fase se
propuso como objetivo que los padres aprendieran orientaciones y pautas
educativas, a través de la adquisición de dar órdenes correctamente y
establecer rutinas y normas concretas en casa (ir a la cama a las 22.30, hacer
la cama por la mañana, ir a la ducha sin gritar, realizar las tareas escolares
en un tiempo máximo de 60 minutos). Se les enseñaron técnicas de modificación
de conducta (refuerzos, tiempo fuera, extinción, etc.) y se les entrenó en
técnicas de resolución de problemas. Finalmente se trabajó la forma de abordar
diferentes situaciones y problemas a través del manejo de contingencias. Una
vez entendido y explicado el procedimiento se destinaron los últimos minutos de
las sesiones a la puesta en práctica de lo aprendido a través de un
role-playing.
Fase de
prevención de recaídas y seguimiento (2 sesiones)
Se estableció
una sesión de prevención de recaída con el fin de valorar las técnicas
aprendidas, la evolución de las conductas problemáticas del niño en casa y la
probabilidad de encontrar problemas futuros. No obstante, se programó una
última sesión de seguimiento, al mes de finalizar el tratamiento, con el
objetivo de saber cómo evolucionaba el caso. Fue entonces cuando la madre comunicó
estar en proceso de separación con el padre del niño. Se le dieron estrategias
de comunicación para informar a los hijos sobre la situación de separación de
los padres. Se propuso una última sesión que se realizó telefónicamente, donde
la madre informó sobre cómo habían comunicado el acontecimiento a los hijos. En
esta sesión se procedió a informar sobre las posibles situaciones futuras y se
le facilitó información sobre la manera abordarlas.
Resultados
En base a los
registros de observación de las conductas problemáticas realizados durante todo
el proceso de intervención, se puede observar un descenso significativo en la
tercera sesión de las conductas disruptivas que presentaba el niño en el ámbito
familiar
En la sesión 5
se percibe un ligero aumento de dichas conductas, quizás debido a la nueva
implantación de normas y a la utilización de técnicas de modificación de
conducta (extinción, refuerzos, tiempo fuera) de los padres sobre el niño. No
obstante la frecuencia de los comportamientos negativos desciende de nuevo
hasta las dos últimas sesiones dedicadas a la prevención de recaídas y
seguimiento, donde se observa la ausencia de dichos comportamientos.
En relación a
la duración se obtienen datos similares a los aportados sobre la frecuencia. Se
observa un descenso progresivo en relación al tiempo registrado en minutos de
los comportamientos disruptivos del niño.
Para finalizar,
respecto a la intensidad de las conductas problema, observamos un descenso
significativo a lo largo de las sesiones de tratamiento.
Conclusión
del caso
Según los datos
mostrados anteriormente, en relación a la frecuencia (número de veces),
duración (tiempo en minutos) e intensidad (0-10) de las conductas disruptivas
de Mario, recogidos diariamente por los padres en el contexto familiar, desde
las primeras sesiones se puede observar un ligero descenso progresivo de dichos
comportamientos. La fase de psicoeducación y de entrenamiento a padres fueron
decisivas en la reducción significativa de los comportamientos disruptivos de
Mario. Estos resultados muestran el cumplimiento de la mayor parte de los
objetivos establecidos en las fases del tratamiento. Los padres aprendieron el
origen, desarrollo y mantenimiento de las conductas desobedientes en la
infancia, aprendieron orientaciones y pautas educativas, técnicas de resolución
de problema, técnicas de modificación de conducta (refuerzos, extinción, tiempo
fuera). Asimismo, trabajaron la forma de abordar diferentes situaciones y
problemas a través del manejo de contingencias. Son diversos los estudios que
han demostrado la eficacia sobre el entrenamiento dirigido a padres. Robles y
Romero (2011) a través de una revisión de programas de entrenamiento a padres
de niños con problemas de conducta, comentan la eficacia de este tipo de
intervención, cuyo principal fin es enseñar a los padres a reforzar conductas
adecuadas, debilitando las no deseadas y mejorar las interacciones diarias
entre padres e hijos. Los resultados obtenidos en este caso clínico mantienen
una coherencia con los propuestos por Froján, Calero y Montaño (2011), donde
analizaron un caso de conductas disruptivas en la infancia que mostraron
resultados positivos tras la aplicación del tratamiento. Se resalta la
implicación y predisposición de la madre en cada una de las sesiones del
tratamiento, este comportamiento ha sido decisivo a la hora de hallar unos resultados
tan exitosos. Además, aunque presentamos un tratamiento indirecto hacia el
niño, éste también se mostró colaborador y dispuesto a aceptar las nuevas
normas y rutinas establecidas en casa.
En el futuro se
debería seguir con el entrenamiento a la madre en técnicas de modificación de
conducta. Sería conveniente establecer un tratamiento multimodal, actuando en
el ámbito escolar y entrenando a Mario en habilidades sociales, resolución de
problemas, autoinstrucciones y técnicas de relajación. Podemos concluir,
basándonos en los resultados, que el tratamiento es eficaz en el momento del
postest, quedando pendiente evaluar el seguimiento con el objetivo de comprobar
que los cambios obtenidos perduran en el tiempo.
Conclusión acerca de como llevaría el tratamiento a cabo en caso de ser el psicólogo que se
encargue de dicho tratamiento.
Las principal dificultad encontrada a lo
largo del tratamiento fue la baja implicación del padre. Esto supuso un
problema ya que a la hora de establecer rutinas y normas concretas en casa,
éste se mostraba reacio y poco colaborador. Finalmente, la poca implicación del
padre y la separación de ambos progenitores puede ser uno de los motivos
principales por los que podría acaecer una recaída. Otra dificultad encontrada
a lo largo del tratamiento fue la imposibilidad de poder intervenir en el
ámbito escolar, por lo que las conductas disruptivas en éste contexto no
pudieron ser abordabas terapéuticamente. Por lo que yo como psicóloga agregaría
al tratamiento que utilizaron con Marío el tratamiento la economía de
fichas A veces, resulta necesario combinar diferentes
técnicas. Éste es el caso de los procedimientos basados en las economías de
fichas, ya que combinan técnicas de incrementar comportamientos positivos y de
disminuir comportamientos poco adaptativos. Es importante delimitar bien los
comportamientos (que puedan contarse), e incluir de diversa severidad (fáciles
de conseguir y de complejidad media). Habrá que pactar igualmente el refuerzo
que se conseguirá por la adquisición de las distintas fichas (gomets, caras
alegres, etc.), así como el momento en que se realizará el canje.Es posible que
la aplicación de un programa de economía de fichas en el aula suscite problemas
en la dinámica general del aula, pero estas dificultades suelen desaparecer si
se acuerda que todos los alumnos obtendrán los privilegios cuando se consiga el
objetivo señalado. Por otra parte, aunque estos programas se lleven a cabo
fundamentalmente en el aula, suele incluirse el refuerzo de los padres por el
progreso hacia la meta establecida.Así se podría utilizar el tratamiento
incluyendo la economía de fichas tanto en la escuela como en casa. Y también
Programas para maestros ya que Estos programas ayudan a los maestros
para que aprendan a manejar el comportamiento en el salón de clases, mejorar
las habilidades sociales y emocionales de los alumnos y trabajar con los
padres para mantenerlos involucrados.
Los trastornos de conducta disruptiva
(DBD, por su sigla en inglés) son trastornos en los que el niño o adolescente
tiene dificultad para controlar sus emociones y su comportamiento. El
comportamiento puede ser muy desafiante, y el niño o adolescente puede tener
fuertes conflictos con las figuras de autoridad. Sus actos pueden ser agresivos
y destructivos. Todos los niños muestran ocasionalmente problemas leves de
conducta, pero los DBD son más graves y continúan con el paso del tiempo.
Los DBD pueden comenzar en la
infancia. Cuando un niño o adolescente con DBD no recibe tratamiento, suele
presentar problemas de conducta graves en casa, en la escuela o en ambas. A
medida que crecen, tienden más a tener también problemas de consumo de alcohol
o drogas, al igual que conductas delictivas o violentas.
Cada niño o adolescente responde de
forma distinta a los diferentes tratamientos. Es posible que se deban probar
varios tratamientos antes de encontrar uno que sea adecuado para el sujeto.
Tratamiento psicosocial
El tratamiento
psicosocial puede ayudar a mejorar la interacción entre Padres e hijos. Estos
son programas donde los padres y el niño o adolescente se entrevistan con un
terapeuta capacitado. Es importante que participen en el tratamiento los padres
y personas que cuidan al niño o adolescente.
Algunos programas se concentran
solamente en la capacitación de los padres. Otros programas también trabajan
con el niño o adolescente, toda la familia junta o con los maestros.
A veces, los programas de
capacitación para los padres e hijos se imparten en grupos. Las sesiones suelen
durar 1 a 2 horas y se realizan cada semana durante un total de 8 a 18 semanas.
Programas para los padres
Estos programas ayudan a los padres a:
Responder de manera positiva cuando su hijo pida
ayuda o desee atención
Escoger metas realistas para su hijo
Vigilar mejor el comportamiento de su hijo
Aprender técnicas más eficaces para la crianza
Aumentar la confianza en su capacidad para manejar
las situaciones
Reducir su propio estrés
Los programas brindan
apoyo y enseñan a los padres técnicas
específicas para tratar de cambiar el comportamiento de su hijo sin necesidad
de gritos, amenazas o castigo físico. Aprenden a:
Establecer reglas claras
Mantener la calma cuando le pide a su hijo hacer
algo
Lograr que sus instrucciones sean claras y
adecuadas para la edad de su hijo
Explicarle a su hijo las consecuencias de la
conducta disruptiva
Responder a la conducta disruptiva con tiempo en
silencio o aislamiento
También aprenden maneras
de prestar apoyo a su hijo y:
Mejorar sus habilidades sociales
Ayudarle a formar amistades
Ayudarle a aprender a controlar sus emociones
Enseñarle habilidades para resolver problemas
Ayudarle a que aprenda a ser independiente
Programas para niños.
Estos programas ayudan a los niños a:
Sentirse más positivos sobre sí mismos y su familia
Fortalecer sus habilidades sociales, de
comunicación y para resolver problemas
Comunicar mejor sus sentimientos y controlar el
enojo
Practicar buenas conductas
Programas para adolescentes: El terapeuta se reune con los padres y también con toda la
familia al mismo tiempo. El terapeuta puede buscar, en la interacción de los
miembros de la familia, patrones que puedan causar tensión y problemas. El
terapeuta puede luego ayudar a la familia a aprender nuevas formas de
comunicarse para evitar los conflictos.
El terapeuta ayuda a los padres a aprender a:
Relacionarse más con su adolescente
Establecer reglas y las consecuencias de romper
estas reglas
Mejorar sus habilidades de liderazgo, comunicación
y de resolver problemas
Apoyar a su adolescente
Programas para maestros
Estos programas ayudan a los maestros para que
aprendan a:
Manejar el comportamiento en el salón de clases
Mejorar las habilidades sociales y emocionales de
los alumnos
Trabajar con los padres para mantenerlos
involucrados
REFERENCIAS
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Tratamiento conductual en el ámbito familiar. Revista de Psicología Clínica con
Niños y Adolescentes
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oppositional defiant disorder. Journal of the American Academy of Child and
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Ceilleachair, A., Bywater, T., Hughes, D. A., y Hutchings, J. (2007). Parenting
programme for parents of children at risk of developing conduct disorder: cost
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